The lady in red is dancing with me, cheek to cheek
There's nobody here
It's just you and me
It's where I wanna be
But I hardly know this beauty by my side
I'll never forget the way you look tonight

sinópsis.

A decir verdad, siempre me ví fanático de esas reacciones tan adorables que me brindas cada que decido sorprenderte con algo.

Tus ojos repletos de alegría, brillando cuando se encuentran con los míos que desde siempre amaron el rojo de los tuyos. Amé verte brillar, y es por eso que escribo esto para ti.
Hay múltiples razones del porque me encuentro aquí, una de ellas es que siempre he sostenido mi palabra, mi memoria infalible recuerda cada promesa que te hago y adoro verte emocionada cuando sucede. Cuando sabes perfectamente que recuerdo hasta el más mínimo detalle que compartes conmigo y que, pase lo que pase, quedará resguardado en mi por el resto de los días.
Es que, no puedes encantarme tanto.
Puedo jurarte por la luna que tengo la sonrisa de estúpido al redactar esto. Se me entumen las mejillas.Te puedo compartir que, cada que te plasmo en papel sucede, alejo el grafito del papel y repaso los trazos que te retratan, me veo cayendo rendido ante ti.
Siempre, siempre. Siempre.
Otra de las razones por las que te escribo, siéndote totalmente franco, es simplemente hablarte sin contención.
Todas esas veces que tuve que hacerlo para no parecer intenso sin remedio me tiene aquí, expresando lo loco que me tienes, lo maravillado que estoy por tenerte como mi musa en cualquier aspecto.
Y que plasmarte en papel se ha convertido en mi nueva obsesión.
Puedes considerar esto como una respuesta a la adorable mención que me haces en tu diario. Sólo que, esto en vez de ser un diario, serán cartas especialmente para ti, es mi corazón hablándote a ti.

Directamente a ti, Agatha.

S. Relish.
Tu dueño.

i.

Ya nos amábamos y no éramos conscientes de ello, bastaba con poder besar tus labios para darme cuenta de que cuán loco estoy por ti.

Es gracioso citar las charlas recientes con respecto a ello, decirnos la verdad y reír de lo tontos que fuimos.Cuando nos conocimos, cuando prendí ese bendito mechero.
Gracias a él es que te animaste a hablarme. ¿Lo recuerdas?
Quisiste quitármelo y yo, algo divertido porque no alcanzabas mi mano, te pregunté si fumabas o eras algún pirómano en potencia.
La forma tan natural con la que comenzamos a hablar me dejó maravillado, encantado, jamás pensé llevarme tan bien con alguien hasta que tú apareciste frente a mi.La química que se comenzó a formar entre nosotros me tenía pensando en si habías sido llamado para recibirme y darme un recorrido por esa academia o si, realmente surgió por naturaleza.
Aún recuerdo cuando te hallaste en ese cuadernillo de bocetos, tu rostro apareciendo fugazmente entre hojas se debe a una sola cosa.
Mierda, no paraba de pensarte.
Me preguntaste porqué te dibujaría, y yo, pretendiendo ocultar cuán bella te me hiciste desde esa noche bajo la luz de la luna, te dije que era un buen observador.Y lo soy, quizá se deba a que soy un hombre lobo capaz de ver en la oscuridad y a muy largas distancias.
Soy un hombre que goza de admirar hasta el más mínimo detalle, sea en tí, en tu actuar, tus gestos. Me obsesioné contigo. Estoy obsesionado contigo.
Hallé arte en cada rincón de tu ser, me pareció maravilloso verte bajo la tenuidad de la llama de ese mechero que casi me quitas, tu piel impoluta, esos ojos rojos que me dejaron embriagado desde un inicio. Y que, a día de hoy, tienen el mismo encanto que la sangre cuando la hago escurrirse.Sin darme cuenta, mis ojos ya estaban constantemente buscándote. Mi interior me gritaba que tú pertenecias a mi lado, que debía hacerte mía pese a todo, yo quería tenerte cerca. No me bastaba con tenerte plasmada en papel, que de tan encantado que estaba de tí mi memoria ya te sabía a la perfección.Quería tenerte conmigo, a salvo, lejos de toda mirada y tacto que no fuera mío.Mis lapices se enamoraron de ti, mi mano deseó tocarte de tanto trazarte.
Yo anhelé embeberme en los relieves de tu cuerpo y susurrarte lo preciosa que eres.
Cuando me percaté de que estaba enamorado de ti . . . deseé tanto poseerte y tenerte para mí solo, sin embargo no era el momento, tenerte como mejor amigo fue lo mejor. Sin embargo, si te contara las veces que estuve a punto de robarte me faltarían dedos.Aún así, tantas señales que dimos y aún así nos hicimos tontos.
Cuando me dijiste que tú también estabas enamorado de mi, lo supe.
Todas esas veces que bromeaste con querer besarme, y que de algún modo yo sabía que no era una broma.
Un algo latía en mi interior, gritándomelo cada que lo hacías.
Al igual que yo lo sabía, sé que tú también eras consciente.
De haberme besado en alguno de esos momentos, ¿qué habría sucedido? yo te habría devorado entero.Te habría tomado entero, para mi.Cada gramo de tu ser, cada extensión de tu piel, cada pestaña, cada cabello. Cada maldita pizca de tu existencia habría sido tomada.Y yo, preciosa, soy muy codicioso. Yo poseo, y jamás dejo ir.Eso habría bastado para que lo dejes todo, ¿no es así? haberte hecho mía sería suficiente para obligarte a mandar todo a la mierda y que sólo permanezcas conmigo, a mi lado.Porque tú me perteneces. Eres mía, a nadie necesitas. Soy todo lo que requieres. Soy el único hombre que puede tomarte.Y ahora, eres mío, eres mía. Sólo mío, solo mía.

S. Relish.
Tu novio.

ii.

Te amo.

Desde el primer instante en que encajamos como si una parte de mi te hubiese estado esperando en mis cortos, pero eternos veintitrés años. Como si una parte de ti hubiese esperado por mi por tres eternos siglos.Desde el primer instante en que dejaste ver todos tus colores y temiste espantarme pero, ¿sabes una cosa? yo te amo aún con tus matices más oscuros. Soy incapaz de temer a una cosa tan bella como esa, no me veo teniéndote miedo sino, amándote cada vez más.Te amo aún con tu parte malévola, con tu locura tan ardiente que lo único que hace es cautivarme, envolverme, encantarme.Aquella que me conquistó, que hizo darme cuenta que eras tú de quien quería adueñarme por lo que restaba de días, por una eternidad que tanto tú como yo vamos a experimentar, que sólo nosotros dos comprendemos.Y aún entre resquicios, me revelaste que pese a esa locura tan encantadora, yace una dulzura que no a todos dejas ver. Tan cálida, inocente, alegre, sublime.Eres poderosa, abrasadora como el fuego, como esa locura tuya tan carismática y mágica que me tiene vuelto loco, que me enloquece por igual.
Pero a la vez, eres tan pequeña, tan adorable, tan dulce . . .
Desde el principio, hasta el final siempre quise protegerte, y siempre te voy a proteger. Siempre vas a poder contar conmigo, porque aún después de la tierra mis brazos van a seguir queriéndote aprisionar, mis labios van a querer seguir besándote, mi ojos van a seguir buscándote, mis manos seguirán enamoradas de ti, querrán seguir tocándote, plasmándote en papel y lienzos, en música y acordes sinfín, en detalles tan mínimos pero que lo son todo, porque son para ti.

Te amo.

Lo hago, lo hago de una forma inimaginable. Una forma de la que no soy capaz de poner en palabras. Cuando te veo, mi corazón se vuelve loco, late tan rápido que quiere salir de mi pecho y saltar a ti, para llenarte de besos.

Te amo tanto.

Soy capaz de devorar la existencia entera sólo para demostrarte que lo que siento va más allá de palabras. Te amo, lo vivo y me embriago en ello, tan sólo ruego que mis ojos y tacto sean capaces de hacértelo saber cada vez que te veo, cada vez que te contemplo, cada vez que te toco y te admiro.Cada vez que te digo cuánto te amo.

S. Relish.
Tu esposo.

iii.

¿Te cuento un secreto?Devorarte fue algo que siempre quise hacer, clavar mis dientes en esa tierna piel tuya y saborearte, extasiarme con el exquisito sabor de tu interior, adueñarme de cada fibra de tu carne, confirmar que así como eres de bello por fuera, lo eres en cada gota de sangre que fluye en ti.

Eso ya no es secreto desde aquella vez que hundí mis fauces en tu carne.Esa vez que me volví loco por el dulce sabor de tu sangre y quise más. Quise marcarte entera, quise tomarte una vez más y lo hice.Y ahora, como un bello lienzo revelando una obra de arte tu palidez exhibe marcas que la proclaman de mi propiedad.
Yo con orgullo soy el autor de tan bella pieza.
Son marcas que adoro besar, recordándote el exquisito dolor de mi fuerza mordiéndote.
Recordándote que puedo repetirlo cuando menos te lo esperes, recordándote de quien eres.
Eres mía. Me perteneces y puedo tomarte como si fuera la primera vez. Porque, ¿sabes una cosa?
Te deseo.Te deseo como si fuera la primera vez. Me embebo en lo bien que tu cuerpo responde a mi, tan obediente, tan sumiso.
Me encanta cuando es así, ¿lo sabes bien, verdad? cuando simplemente se entrega a mi.
Sabe bien que es mío. Sabe bien que eres mío.
Me embriago en lo bien que te ves expresando lo bien que te sientes cada vez que estoy contigo, llamándome entre gemidos y respiración agitada, aferrándote a mi mientras yo me adueño de tus entrañas.Te deseo.
Te deseo tanto.
Lo hago tanto. Lo hago tanto que cada que me ves de esa manera quiero simplemente tomarte ahí mismo, sin importar el lugar en el que estemos.
Esos bellos ojos que tienes deben de tener dueño y soy yo.
Porque yo soy al único al que debes de ver así, suplicante.
Llamándome.
Así debe de ser.

S. Relish.
Tu rey de la oscuridad.

iv.

Aún recuerdo la vez que te molestaste conmigo por haber llegado tarde.

Si te soy honesto, no me agradó para nada encontrarte envuelta en mantas y así de decaída.El hecho de que no me guste verte llorar se complementó con el que no pienso perdonarme si llegase a hacerte daño.En esa ocasión, así fue.
No es como si hubiese planeado demorarme pero, en cuando ví a Sereia preocupada supe que algo estaba mal.
¿Sabes? a veces suele ser demasiado pedirte que confíes en mi pero, quiero que lo hagas. Quiero que dejes de temer en que yo vaya a hacerte de lado porque no va a pasar.Desde que te conocí, hasta ahora, he querido que te refugies en mis brazos porque ellos saben lo mucho que quiero protegerte, alejarte de todo y tenerte a salvo.Porque cuando te conocí en aquella academia, te encontré exhausta de una guerra contra los monstruos de otros que dejaron un corazón agrietado, intentando mantenerse de pie sin más.
Y mientras tú me sonreías con tanto vigor, pude escuchar a tu alma suplicar de la forma más callada posible.
Es entonces cuando supe que quería tenerte. Es entonces cuando supe, que debía cuidarte, aún si mis sentimientos decidían permanecer presos en mi garganta, en mis ojos y mi afán por adueñarme, mi interior me gritaba que a pesar de todo debía de hacerlo.Debía de cuidarte. Debía de enseñarte que mis brazos son el hogar que siempre deseaste.Y que a la luna de hoy, lo es.Es un hogar que siempre que quieras va a estar abierto a ti, esperándote. Aguardando a que te recuestes en él y descanses sin ningún tipo de preocupación.
Quiero que confíes en mi. Quiero que sepas que aún si piensas que puedo irme, no lo haré. No lo haré, y lo repetiré tantas veces como sean necesarias hasta que tu mente pueda estarse en paz.
Por lo tanto, si ya no puedes más, ven y refúgiate en mis brazos, recuéstate y respira, déjame enseñarte que ellos están dispuestos a jamás soltarte.
Confía en mi.
Porque yo estoy dispuesto a jamás soltarte, a jamás dejarte caer.

S. Relish.
Tu hogar.

v.

Solía ser tan fácil entregar mi corazón, pero hallé el camino más difícil.
Es el precio que tengo que pagar.
Descubrí que el amor no era muy amigo mío, debí de haberlo sabido, una y otra vez.
Tanto tiempo, fue hace tanto tiempo, pero aún tengo el blues para tí.

Esa es la letra de la canción Still got the Blues, de uno de mis guitarristas preferidos, y si te soy honesto, es una pieza que escuché en bucle en toda mi estancia en la academia, desde que te conocí, hasta que ví señales de poder tenerte conmigo.¿Sabes? es quizás un lado que no te permitiría conocer dentro de lo que pueda porque, realmente los pensamientos me traicionaron en su momento.
Escuchaba los lamentos de esa guitarra junto con una melancólica lírica que expresaba a la perfección mi sentir en lo que te dibujaba con un deseo tan intenso.
Mientras te veía pronunciar otro nombre que no era el mío.
La codicia se adueñaba de mis ideas y yo sabía perfectamente que te haría mejor que un sin vergüenza que no te supo querer.
Porque a diferencia de ellos, yo sí tenía claro lo que quería.
Te quería a ti.
Yo en tu caos veía magia.
Yo en tus ruinas veía perfección.
Y a la luna de hoy, sigue siendo así.
Pero, por otra parte, la melancolía tomaba protagonismo y hacía cuestionarme si en algún punto de mi vida lograría tenerte en mis brazos, si en algún punto de esta existencia sería capaz de expresarte lo mucho que te deseaba.Si en algún punto, llegarías a darte cuenta de que ahí estaba yo.Queriéndote.
Amándote.
Deseándote.
Que cada que lo mirabas, tenía que controlarse porque un segundo más, iba a tomarte en brazos para jamás volver.No tienes idea.
No tienes idea de cuantas veces hice llorar a mi guitarra, de cuantas veces la obligué a cantar acordes que fueron mis lagrimas de momento al desgarrarme en el desamor de no poder tenerte para mí.
De cuantas veces canté en soledad, donde únicamente mi guitarra escuchaba y respondía con sentimiento.
Muchas veces me pregunté ¿por qué no puedo tenerte? ¿por qué?
¿Por qué?
Siempre fuí un hombre lobo que en las veladas más desoladas aullaba a la luna en súplica de que bajara a hacerme compañía. Rogando de que bajara y nunca apagase su brillo porque era lo único que me mantenía cuerdo.
Siempre fuí un hombre que pasó sus más oscuras vivencias rodeado, pero sin siquiera sentirse abrazado.
Hasta que te ví.
Sonriéndome con ese descaro, con esa malicia tan radiante que me dejó maravillado.
¿Cómo debía sentirme al respecto? ¿cómo no enloquecer? ¿cómo no caer rendido?
Tú eras el culpable. Tú eres el culpable.
Culpable de todo ésto. De que pensándote me den ganas de escribir todo ésto.
De que pensándote me den ganas de inmortalizarte de mil formas.
Me encantaste. Me encantas.
Te supe, desde entonces, la luz de mi penumbra. Pues con tu confianza permaneciste en ella, iluminándola.
Iluminándola, igual que la luna en lo alto, dejándose contemplar por la noche.
Tú eres mi luna.
Te amo tanto.

S. Relish.
Tu mundo.

vi.

Perdóname.

A veces, me pregunto si soy yo el que está mal en la mayoría de discusiones que tenemos.Ahora que estuvimos separados, tuve una gran epifanía de una larga noche donde decidí alejarme, y no tenerte en brazos.
Por primera vez, luego de tanto, supe lo que era ser herido.
Supe lo que las palabras de alguien a quien amaba con locura podrían llegar a ser.
Dolorosas, desgarradoras.
Como la metamorfosis al transicionar a una criatura que no razona y que sólo arrasa.
Que sólo devora.
Que sólo busca saciedad.
Como bala, incrustándoseme en lo más hondo de mi ser, como estaca en el corazón.¿Por qué?
Sé que suele ser asfixiante la preocupación que llego a sentir por ti.
Sé que suele ser asfixiante mi deseo por protegerte.
Sé que suele ser asfixiante mi anhelo por verte bien, cuando simplemente a veces sólo no quieres pensar en que existes.
Dime, Agatha.
¿Estuve mal?
El dolor se comportó de forma bestial conmigo, devorándome de a poco hasta hacerme simplemente preguntarme, ¿estuve mal en preocuparme?Tú, envuelta en llanto, gritándome lo mucho que te dolía que te creyese mentirosa, cuando solamente quería saber cómo estabas.
Cuando solamente te hice saber lo mucho que odiaba verte esconderme lo que te hacía mal.
Tú, extremadamente afligida, gritándome lo mucho que te dolía que te creyese mentirosa por errores del pasado.
Haberte dicho que odiaba las mentiras, ¿me llevaba a ser igual a aquellos que se aprovecharon de ti?
Tú, temblorosa y frágil, señalándome que esto era lo que yo quería, cuando no fue así.
No fue así.
Jamás sería así.Respóndeme.
¿Debí callarme? ¿debí simplemente permanecer quieto?
¿Debí aguantarme esas ganas que tenía por protegerte?
¿Debí guardármelo todo?
¿Debí fingir?
Sería capaz de hacerlo, con tal de no volverte a ver así.
Haberte visto tan rota hizo que me odiara con la misma intensidad con la que te amo.
No soy un hombre que se abstenga de hablar de las cosas que nos duelen.
No me gusta que te enojes, ni me gusta estar en conflicto contigo.
Sin embargo, ¿realmente era lo que yo quería?
¿Realmente yo quería verte rota?
¿Realmente . . . ?
Es aquí donde mi corazón entra en desesperación, ¿sabes?
Se encoge, a tal grado de hacerme sentir culpable de las cosas que hago, a tal grado de hacerme cuestionar mis actos.
Verte dudar de mi hace que ese órgano que enloquece al verte me apuñale.
Me apuñala, me reclama y me castiga de formas en las que me hizo desear arrancarlo ante la posibilidad de haberte hecho daño.
Me duele.
Me duele tanto.
Perdóname.
De verdad, perdóname.

S. Relish.
Tu hombre.

páginas en proceso . . .